SOBRE LA NECESIDAD DEL SINDICALISMO HOY
En un contexto como el actual, donde la
globalización se extiende por doquier con sus aspectos interesantes y más o
menos beneficiosos; pero, sobre todo, con sus aspectos más negativos, dañinos y
nefastos de diferente raíz y objetivo (sobre todo en lo referente a la economía
y a su aplicación social); nos encontramos con una singular palabra: SINDICATO.
El Sindicato, cuya etimología clásica vendría a
significar “hacer justicia” se puede definir como una forma de organizarse, una
asociación, una suma de voluntades y objetivo común que generalmente pasa por
la defensa de los intereses laborales de los trabajadores y por la promoción
del trabajo en las mejores condiciones posibles. Este tipo de asociación,
tradicionalmente nacida de los gremios, o sectores profesionales, antes de
finales del siglo XIX como consecuencia de la Revolución Industrial ,
dio lugar (en su evolución histórica) a diferentes tipos de “sindicatos” según
el tipo de agrupación por oficios, ideología, relación con el empleador o con
la administración, etc.
En cualquier caso la función, básica y primigenia,
de un sindicato es la de establecer una relación de confianza y de
representación para con sus afiliados y negociar (en nombre de estos) todas las
condiciones laborales que se establezcan en esa empresa o similar y que les
afecten a nivel del contrato de trabajo.
Esta primera función ya quedó coartada en la
transición (años setenta), según muchos, por el hecho de admitir dos tipos de
organización a nivel de representatividad laboral de los trabajadores: la
puramente sindical (ya definida más arriba) y la de los Comités de Empresa;
siendo cierto además, que la regulación es también doble e intrínseca: la L.O .L.S. (Ley Orgánica de
Libertad Sindical) y el T.R.E.T. (Texto Refundido del Estatuto de los
Trabajadores).
Ocurre pues que se desdibuja el primer cometido o
función de representación sindical, cuando un comité de empresa (esté compuesto
de las siglas que sea) tiene la capacidad de negociar, de forma colectiva, para toda
la plantilla de trabajadores (afiliados o no al sindicato) y se le considera su
Representación Legal.
Siendo esto así no tiene demasiado sentido, para
muchas personas, el afiliarse a un sindicato y pagar una cuota mensual, si a nivel laboral va a conseguir exactamente
lo mismo que su compañero/a de trabajo afiliado. Esta segunda observación da
lugar a la necesaria subvención económica (por la vía de presupuestos generales
del estado u otros) para garantizar la subsistencia y viabilidad de las
organizaciones sindicales y (por cierto) de las Empresariales en mucha mayor
cuantía; pero eso es otra historia.
Cierto es que con el tiempo, y en base a estas u otras subvenciones y programas específicos,
los sindicatos (sobre todo los de clase) se han podido dedicar no solamente al
ámbito de la defensa de los trabajadores y de sus condiciones laborales sino
también a la formación continuada, transversal, específica; a la asesoría y defensa jurídica especializada y
profesional, a la información sectorial y específica y a la atención de la
población (en general) participando en los diferentes organismos de la
administración ya sea local, autonómica o estatal de forma que al final el
sindicato se impregna de la sociedad y es parte de la misma en la defensa y
garantía de lo que se llegó a denominar “estado del bienestar” en toda su
amplitud.
Así pues, ya tenemos el caldo de cultivo necesario y óptimo para demonizar, increpar, acusar, y
denostar al sindicato, a los sindicalistas y a todo lo que se refiera a su
actividad.
El actual neoliberalismo brutal y global, este
neofeudalismo del siglo XXI, no puede seguir expandiéndose ni creciendo más a
no ser que los sindicatos, las organizaciones de trabajadores, desparezcan o
queden desmontadas y desactivadas. Para
que este nuevo “orden económico global” siga incrementando las diferencias y
lucrándose a base de austeridad, hambre y miseria, necesita que toda la
sociedad crea, a pies juntillas, que el movimiento u organización sindical es
innecesario, caduco y dañino; evidentemente también corrupto y subversivo.
Lo más curioso de todo es que para poder realizar
todo este montaje, toda esta farsa, necesitan generar miedo (que nunca es
inocente) a toda la población; generar ansiedad y sufrimiento de forma
continuada (ayudándose de la “mass media”)
para poder acusar, estigmatizar y culpabilizar a los sindicatos de todos los
males; luego, mediante RD (Reales Decretos) Y Reformas Laborales van minando y
laminando todos los derechos sociales y, en última instancia, crean una “ley
mordaza” por si se les ha escapado algo que no han tenido en cuenta, para poder
castigar y penalizar jurídicamente (si fuera el caso) a cualquier elemento que
quisiera salirse del rebaño o de lo legalmente establecido.
Y lo que tiene enjundia es que es justamente “su
miedo”, el de ellos, el que justifica todo este megamontaje, todo este caótico
escenario que necesariamente tienen que crear para destruir lo que les
interesa. Se trata de una guerra social,
se trata de una guerra económica, se trata de desmantelar todo lo conseguido y
volver a los orígenes, desacreditando a cualquier elemento que se les
interponga.
El sindicato, el sindicalismo, la organización de
los trabajadores, de los obreros, de la sociedad en general, es absolutamente
necesaria y mucho más en estos momentos. No podemos permitir que todo lo que
nuestros padres, abuelos, antepasados en general, consiguieron a base de lucha,
esfuerzo, tesón y sufrimiento sea borrado de un plumazo por los intereses
individuales de una mínima parte de la sociedad que acaba esclavizando al resto
para seguir lucrándose.
No voy a negar que como en cualquier organización,
como en la sociedad, también en un sindicato, hay individuos o personas que
buscan su interés individual y que puede que realicen actividades poco
adecuadas y susceptibles de ser denunciadas por ser prácticas poco éticas o de
mala praxis; justamente por ello también es deber de las organizaciones
establecer mecanismos de control y de calidad, a nivel interno, en sus acciones
y actividades. Y cierto es que el sindicalismo debe seguir evolucionando y
adaptándose a la sociedad cambiante actual y dar respuesta rápida, clara y
consecuente a los problemas que el
devenir diario nos plantea.
Ya he comentado en diversos foros y en diferentes
ocasiones, mi opinión personal respecto de tres tipos de organizaciones,
(actualmente vigentes en nuestra sociedad) pero que a mi entender deben
evolucionar o acabarán desapareciendo (al menos con la misma estructura que
tienen en la actualidad) y son: La
Iglesia , los partidos políticos y los sindicatos. Creo que
sus modelos son demasiado antiguos y se basan en estructuras demasiado
cerradas, demasiado piramidales y verticalizadas, la comunicación de abajo arriba
es compleja y difícil y, por tanto, el feed-back es en ocasiones inexistente o
poco creíble; quizás por eso, en mayor o menor medida, alguna/s de estas
organizaciones, aunque van evolucionando de forma lenta, están algo alejadas de la sociedad y del día a día, o al menos,
esa es la percepción de los ciudadanos en muchos casos. Evidentemente también
existe la intencionalidad y todo el marketing negativo necesario para que la
población tenga opiniones dirigidas y tendenciosamente construidas, ya sea para bien o para mal, desde el
poder establecido hacia alguna/s de ellas. Pero en cualquier caso, mientras unas pierden feligreses o
militantes, otras pierden afiliados. Evidentemente las comparaciones son siempre odiosas, pero los modelos y su aplicación en la sociedad actual son similares, independientemente de sus intereses, objetivos y recorridos, que no voy a criticar o a enjuiciar en este momento.
Debemos confluir, necesariamente, los sindicatos de
clase, las organizaciones políticas de izquierdas y todos los movimientos que
defiendan (desde el socialismo, el marxismo, etc) un cambio de modelo económico
y político, en una única opción, vía o senda, como objetivo apodíctico común
: la recuperación del estado del
bienestar y su expansión total e implantación definitiva en la sociedad, con
todo lo que conlleva a nivel de creación de ocupación, de reparto equitativo y
justo de la riqueza, de la separación de poderes, …… etc.
La organización a nivel social es necesaria y el
sindicato, como última barrera o bastión de protección de la sociedad, de los
trabajadores, y garante de la democracia, es totalmente imprescindible; y mucho más en un ambiente tan
hostil como el de hoy en día.
Joan Barrachina
L’Hospitalet a 20 de enero de 2014
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