miércoles, 22 de enero de 2014

ORGANIZACIÓN NECESARIA PARA EL DILETANTISMO OBRERO: EL SINDICATO



SOBRE LA NECESIDAD DEL SINDICALISMO HOY



En un contexto como el actual, donde la globalización se extiende por doquier con sus aspectos interesantes y más o menos beneficiosos; pero, sobre todo, con sus aspectos más negativos, dañinos y nefastos de diferente raíz y objetivo (sobre todo en lo referente a la economía y a su aplicación social); nos encontramos con una singular palabra: SINDICATO.

El Sindicato, cuya etimología clásica vendría a significar “hacer justicia” se puede definir como una forma de organizarse, una asociación, una suma de voluntades y objetivo común que generalmente pasa por la defensa de los intereses laborales de los trabajadores y por la promoción del trabajo en las mejores condiciones posibles. Este tipo de asociación, tradicionalmente nacida de los gremios, o sectores profesionales, antes de finales del siglo XIX como consecuencia de la Revolución Industrial, dio lugar (en su evolución histórica) a diferentes tipos de “sindicatos” según el tipo de agrupación por oficios, ideología, relación con el empleador o con la administración, etc.

En cualquier caso la función, básica y primigenia, de un sindicato es la de establecer una relación de confianza y de representación para con sus afiliados y negociar (en nombre de estos) todas las condiciones laborales que se establezcan en esa empresa o similar y que les afecten a nivel del contrato de trabajo.

Esta primera función ya quedó coartada en la transición (años setenta), según muchos, por el hecho de admitir dos tipos de organización a nivel de representatividad laboral de los trabajadores: la puramente sindical (ya definida más arriba) y la de los Comités de Empresa; siendo cierto además, que la regulación es también doble e intrínseca: la L.O.L.S. (Ley Orgánica de Libertad Sindical) y el T.R.E.T. (Texto Refundido del Estatuto de los Trabajadores).

Ocurre pues que se desdibuja el primer cometido o función de representación sindical, cuando un comité de empresa (esté compuesto de las siglas que sea) tiene la capacidad de negociar, de forma colectiva, para toda la plantilla de trabajadores (afiliados o no al sindicato) y se le considera su Representación Legal.

Siendo esto así no tiene demasiado sentido, para muchas personas, el afiliarse a un sindicato y pagar una cuota mensual,  si a nivel laboral va a conseguir exactamente lo mismo que su compañero/a de trabajo afiliado. Esta segunda observación da lugar a la necesaria subvención económica (por la vía de presupuestos generales del estado u otros) para garantizar la subsistencia y viabilidad de las organizaciones sindicales y (por cierto) de las Empresariales en mucha mayor cuantía; pero eso es otra historia.

Cierto es que con el tiempo, y en base a estas  u otras subvenciones y programas específicos, los sindicatos (sobre todo los de clase) se han podido dedicar no solamente al ámbito de la defensa de los trabajadores y de sus condiciones laborales sino también a la formación continuada, transversal, específica; a la asesoría  y defensa jurídica especializada y profesional, a la información sectorial y específica y a la atención de la población (en general) participando en los diferentes organismos de la administración ya sea local, autonómica o estatal de forma que al final el sindicato se impregna de la sociedad y es parte de la misma en la defensa y garantía de lo que se llegó a denominar “estado del bienestar” en toda su amplitud.

Así pues, ya tenemos el caldo de cultivo necesario y óptimo para demonizar, increpar, acusar,  y denostar al sindicato, a los sindicalistas y a todo lo que se refiera a su actividad.

El actual neoliberalismo brutal y global, este neofeudalismo del siglo XXI, no puede seguir expandiéndose ni creciendo más a no ser que los sindicatos, las organizaciones de trabajadores, desparezcan o queden desmontadas y desactivadas.  Para que este nuevo “orden económico global” siga incrementando las diferencias y lucrándose a base de austeridad, hambre y miseria, necesita que toda la sociedad crea, a pies juntillas, que el movimiento u organización sindical es innecesario, caduco y dañino; evidentemente también corrupto y subversivo.

Lo más curioso de todo es que para poder realizar todo este montaje, toda esta farsa, necesitan generar miedo (que nunca es inocente) a toda la población; generar ansiedad y sufrimiento de forma continuada (ayudándose de la “mass media”) para poder acusar, estigmatizar y culpabilizar a los sindicatos de todos los males; luego, mediante RD (Reales Decretos) Y Reformas Laborales van minando y laminando todos los derechos sociales y, en última instancia, crean una “ley mordaza” por si se les ha escapado algo que no han tenido en cuenta, para poder castigar y penalizar jurídicamente (si fuera el caso) a cualquier elemento que quisiera salirse del rebaño o de lo legalmente establecido.

Y lo que tiene enjundia es que es justamente “su miedo”, el de ellos, el que justifica todo este megamontaje, todo este caótico escenario que necesariamente tienen que crear para destruir lo que les interesa.  Se trata de una guerra social, se trata de una guerra económica, se trata de desmantelar todo lo conseguido y volver a los orígenes, desacreditando a cualquier elemento que se les interponga.

El sindicato, el sindicalismo, la organización de los trabajadores, de los obreros, de la sociedad en general, es absolutamente necesaria y mucho más en estos momentos. No podemos permitir que todo lo que nuestros padres, abuelos, antepasados en general, consiguieron a base de lucha, esfuerzo, tesón y sufrimiento sea borrado de un plumazo por los intereses individuales de una mínima parte de la sociedad que acaba esclavizando al resto para seguir lucrándose.

No voy a negar que como en cualquier organización, como en la sociedad, también en un sindicato, hay individuos o personas que buscan su interés individual y que puede que realicen actividades poco adecuadas y susceptibles de ser denunciadas por ser prácticas poco éticas o de mala praxis; justamente por ello también es deber de las organizaciones establecer mecanismos de control y de calidad, a nivel interno, en sus acciones y actividades. Y cierto es que el sindicalismo debe seguir evolucionando y adaptándose a la sociedad cambiante actual y dar respuesta rápida, clara y consecuente a  los problemas que el devenir diario nos plantea.

Ya he comentado en diversos foros y en diferentes ocasiones, mi opinión personal respecto de tres tipos de organizaciones, (actualmente vigentes en nuestra sociedad) pero que a mi entender deben evolucionar o acabarán desapareciendo (al menos con la misma estructura que tienen en la actualidad) y son: La Iglesia, los partidos políticos y los sindicatos. Creo que sus modelos son demasiado antiguos y se basan en estructuras demasiado cerradas, demasiado piramidales y verticalizadas, la comunicación de abajo arriba es compleja y difícil y, por tanto, el feed-back es en ocasiones inexistente o poco creíble; quizás por eso, en mayor o menor medida, alguna/s de estas organizaciones, aunque van evolucionando de forma lenta, están algo alejadas de la sociedad y del día a día, o al menos, esa es la percepción de los ciudadanos en muchos casos. Evidentemente también existe la intencionalidad y todo el marketing negativo necesario para que la población tenga opiniones dirigidas y tendenciosamente construidas,  ya sea para bien o para mal, desde el poder establecido hacia alguna/s de ellas. Pero en cualquier caso, mientras unas pierden feligreses o militantes, otras pierden afiliados. Evidentemente las comparaciones son siempre odiosas, pero los modelos  y su aplicación en la sociedad actual son similares, independientemente de sus intereses, objetivos y recorridos, que no voy a criticar o  a enjuiciar en este momento.

Debemos confluir, necesariamente, los sindicatos de clase, las organizaciones políticas de izquierdas y todos los movimientos que defiendan (desde el socialismo, el marxismo, etc) un cambio de modelo económico y político, en una única opción, vía o senda, como objetivo apodíctico común :  la recuperación del estado del bienestar y su expansión total e implantación definitiva en la sociedad, con todo lo que conlleva a nivel de creación de ocupación, de reparto equitativo y justo de la riqueza, de la separación de poderes, …… etc.

La organización a nivel social es necesaria y el sindicato, como última barrera o bastión de protección de la sociedad, de los trabajadores, y garante de la democracia, es totalmente  imprescindible; y mucho más en un ambiente tan hostil como el de hoy en día.



Joan Barrachina




L’Hospitalet a 20 de enero de 2014

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