sábado, 1 de diciembre de 2012




366655 ;  DESDE DENTRO……..!!


Recién acababa de pasar el sol por su momento más álgido del día, los rayos cenitales caían a plomo; el calor era bochornoso y húmedo, pero era una mañana reluciente, de espléndido azul celeste; ni tan siquiera asomaba una pizca de brisa, sólo quietud y ritmo cansino; propio de domingo estival.

Los adoquines de la calle estaban desgastados, algunos hasta brillaban; me encantaba rebuscar con la mirada por entre las rendijas, siempre te podías llevar alguna sorpresa: una canica, un trozo de llave, una peseta… pequeños descubrimientos y tesoros.

Al abrir la puerta me estremecí; una bofetada espesa de aire caliente me impregnó y el olor a “skay”, a ese sucedáneo de piel brillante de plástico, me inundó la nariz y el paladar; era como ahogarse en una sauna (que aún ni sabía que existían).  El peor momento era entrar abatiendo el respaldo y colocarse mientras notabas como tus piernas (enfundadas en un pantalón corto) alcanzaban una temperatura insufrible al contacto con el asiento; de hecho el tema era un poco masoquista, pues incluso el recorrido brutal y rápido del calor interno y agobiante, me provocaba una cierta y extraña sensación de calidez.

Había que apresurarse a darle vueltas a la manecilla, de forma nerviosa y rápida, los dedos solían estallar también de calor, para poder finalizar la bajada de la ventanilla del copiloto y equilibrar, en lo posible, la temperatura del habitáculo con la de la calle.

Siempre me ha resultado curioso pensar que las primeras señales de tráfico que conocí fueron las que estaban grabadas y pintadas sobre un agarradero metálico que sobresalía del salpicadero de blanco metal.

El volante era casi de camión, aunque más delgado; apenas había palancas, botones o interruptores. Un semáforo pequeño, incrustado al lado de una figura religiosa (más tarde supe que se trataba de un tal san Cristóbal), precedía un par de marcos cuadrados de fotos con dos caritas aniñadas que resaltaban, por su parte superior, a la frase: “Papá no corras”.

Aún recuerdo el gran equipo de música instalado en el interior del vehículo; un pequeño transistor con una antena telescópica que había que ir moviendo para evitar los rugidos indecentes que emanaba y que destrozaban la continuidad normal de cualquier canción que sonara.

El temblor natural de desplazarse sobre el suelo adoquinado era entretenido; una suerte de nerviosismo plácido, un movimiento repetitivo al que te acoplabas cual buen jinete en el trote de su caballo; y así, hasta llegar a la carretera, donde descubrías el mundo amplio y extenso que se abría más allá de las calles de tu barrio.

Mientras recorríamos la autovía de Castelldefels en dirección a Sitges, el sabor a mar y la brisa cercana, reconfortaban de una forma totalmente genial; alguna avioneta que surcaba la cercana playa (con su anuncio de tela en la popa de la nave aleteando al viento) rompía, desde la lejanía, el sonido de las notas musicales…….”Vuela esta canción…” que emitía el transistor de “mano” que mi madre mantenía en alto………… “….No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí…” y mientras “Lucía” seguía sonando, nos encaramábamos en las primeras curvas de las costas del Garraf.

De ese 1972 a estos 40 años después todo ha cambiado; perdimos la inocencia en el camino, nos hicimos mayores, jóvenes, adultos, maduros, quizás viejos.
Si, Peter Pan murió, aunque nunca he sabido ver si finalmente Fausto consiguió instalarse en mí; aún así me gusta, de tanto en tanto, saber que nunca nadie podrá robarme los recuerdos; que ninguna empresa, trama, movimiento, organización, grupo o lobby será nunca capaz de arrancarme lo vivido (lo bueno y lo malo); que no podrán extinguir mis principios y me da por pensar que en realidad, haya dado las vueltas que haya dado; obtenido las experiencias que me han hecho crecer, evolucionar y a la postre ser lo que soy hoy; la esencia del camino es la misma, la de siempre: avanzar, no parar, no detenerse, mirar siempre hacia delante, accionar, moverse, actuar, no conformarse, criticar, rebelarse, construir, convencer, cohesionar, consensuar… y que, por tanto, nunca he llegado al final de ese viaje, de esa aventura; que en realidad aun no me he apeado nunca de ese Seat 600 D, de color blanco, que mi padre conducía y que mi madre amenizaba con su radio y cuya placa de matrícula siempre me ha acompañado y nunca he olvidado: B-366655.

Joan R. Barrachina (1 de diciembre de 2012)

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