Una mentira se puede definir como aquello que alguien comunica, ya sea dudando o a sabiendas, de que no es cierto total o parcialmente, con el objetivo u finalidad que los receptores se lo crean y ocultando, así, la realidad.
Es decir, nos encontramos ante una acción muy clara: engañar; darle a una mentira la apariencia de verdad.
Bien, si a todo ello le sumamos la intencionalidad evidente por parte del comunicador, en según que casos, podemos estar asistiendo a una manipulación dirigida hacia donde convenga.
Si la pretensión primera de quien comunica genera el suficiente miedo, el resultado es obvio: se crea una ultrarealidad basada en actitudes de temor y de incertidumbre en los oyentes o receptores, una anulación del pensamiento sereno y libre que permita poder canalizar todas esas sensaciones individuales hacia el punto diana de la estrategia trazada; pero ahora en forma de grupo, pudiendo llegar al fanatismo.
Una vez que el miedo, el temor, el susto, la sorpresa y su sintomatología asociada aparece en cada individuo: desorientación, bloqueo, nerviosismo, sensación de pérdida de equilibrio, náuseas, taquicardia, estrés, parálisis….. sufrimiento, etc. Es entonces cuando es ya muy fácil reconducir a los receptores (atemorizados y confundidos) hacia una redención o salida posible de la situación angustiosa en la que se encuentran y a la cual han llegado, mediante la técnica mencionada, para que el camino que elijan sea el determinado i objetivo del comunicador; sea la oferta que sea, siempre será la elegida, puesto que será la única visible, la única lógica….. al fin, la única posible, llegando al mesianismo y, peor aún, si el comunicador se ha presentado como un mártir (lo hace más creíble).
Así vemos que funcionan día a día las cosas en nuestra sociedad, pero esto no es nuevo, no es una técnica novedosa, quizás más sutil, más trabajada hoy que antaño, pero es idéntico modelo….. desde el pecado original, pasando por la inserción social y familiar en nuestra infancia, e incluso determinando nuestro mundo laboral en la edad adulta o en las grandes posibilidades que le ofrece la sociedad a la ancianidad.
Justamente por todo ello, y porque sabemos que, generalmente, el “miedo” nunca forma parte de la idea de inocencia es por lo que es necesario actuar.
La acción combate el miedo, la reacción aniquila de raíz el temor, la liberación de adrenalina (quizás alguien lo llame riesgo) es crucial para esos momentos…… llegamos a encarar el devenir cotidiano, el envite vital, la realidad nos aparece nuevamente y volvemos a funcionar.
Decía José A. Goytisolo en “Palabras para Julia” :
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más aquí me quedo
... aquí me quedo.
junto al camino nunca digas
no puedo más aquí me quedo
... aquí me quedo.
O Antonio Machado en “Proverbios y Cantares” :
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Asi, que la acción, el movimiento, es esencial……. Apodíctico.
Bueno y ¿Qué tiene que ver con todo esto la demagogia?
Muy sencillo, la palabra demagogia proviene del Griego (dirigir al pueblo) y generalmente se acepta, para esa acepción, (que además hoy está de moda): “La forma de oratoria o mensaje que permite conseguir los intereses propios a partir de las decisiones de los demás utilizando argumentos falaces”.
Tenemos varios ejemplos a lo largo de la historia que empíricamente nos lo han corroborado y cotidianamente podríamos encontrar miles de ejemplos en nuestro alrededor…… quizás esto entroncaría con el “miedo a la libertad” y a su vez, como interpretaba J. P. Sartre: el hombre que no decide, que no es libre, está vivo, si; pero no existe. Pero eso es ya otra historia.
Por tanto: muévete, no estés quieto/a……………hazlo….!!!!
Joan Ramón Barrachina