jueves, 28 de noviembre de 2013



DIMES, DIRETES Y DEMÁS APLICACIONES EN LA VIDA POLÍTICA COTIDIANA INDIVIDUALIZADA

Existen ciertas actividades y acciones, que no por viejas y usadas deben desaparecer; otra cosa es el uso evolutivo y práctico que se le da en cada momento y las personas con las que coincides.

Hace unos días, en plena jornada familiar y festiva, en pleno centro de Barcelona y andando de Diagonal a Plaza Catalunya, por el Passeig de Gracia, me encontré con una marea de gente manifestándose (que evidentemente pudo haber sido mucho mayor) pero marea al fin. La ocasión se lo merecía: unos presupuestos restrictivos y antisociales,  aprobados mediante rodillo autoritario y neofeudalista;  una reforma de las pensiones regresiva y antihumana (diría yo), etc.

La realidad es que no consigo saber, ni lo sabré nunca, ni quiero saberlo, si éramos todos los que teníamos que ser, si realmente estábamos todos los que teníamos que estar;  y la pregunta me la hago a raíz del siguiente encuentro: Curiosamente, en ese deambular lúdico festivo y organizado, me topé con una persona  a la que hacía tiempo (unos dos años, o más) que no veía y (saludos efusivos y abrazos aparte) lo primero que se le ocurre es decirme: “Jopé, ya era hora,  con la cantidad de movilizaciones y manifestaciones, huelgas, etc… de estos últimos años y nunca te he visto por aquí?” 
Claro, mi primera respuesta mental fue:  ¿Y tú debes de ser el que pasas lista, no? O bien…. ¿Qué pasa? ¿Qué tienes que controlar por tu propia incapacidad e insolvencia o inseguridad?  ¿Acaso eres un comisario político que pasa informes?  O bien , ¿Te gusta decir y esparcir a los cuatro vientos lo que haces y donde estás en cada momento, para que parezca que haces algo ante los ojos del “Big Brother”? 

En realidad; ninguna de esas respuestas, aunque las pensé, se las quise contestar. Preferí decirle lo obvio, lo que el sentido común aconseja,  le dije: “Pues es realmente curioso, pero justamente como bien dices, amigo mío, en estos últimos años de movilizaciones, etc.. tampoco te he visto yo a ti; la diferencia es que yo no te he juzgado; quizás es que no te he echado en falta, perdóname por eso”

Este ejemplo, banal por una parte, y repetitivo y cansino por otra, me enerva y me fastidia; me recuerda a la típica envidia, difamación, ambigüedad, falta de discurso y limitación en la propia inseguridad de cuando uno es pequeño y (en el colegio) se pelea, competitivamente para llamar la atención que le falta,  con sus compañeros.

El problema viene dado cuando ya se es mayor, al menos en edad, y el discurso no ha cambiado;  cuando los recursos individuales siguen siendo los mismos y todo gira en torno a ese mesianismo clientélico, vestido de falsa responsabilidad, que no lleva a otro camino más que al de la propia frustración personal; independientemente de que se llegue a simpatizar  con esa mayoría que sigue los mismos postulados , siempre al calor del rebaño.

Y es que:  ¿Qué difícil es elegir?, ¿Qué difícil es decidir?, ¿Qué difícil es ser crítico y tener ideas propias?, ¿Qué difícil es construir argumentos y sentirse bien con ellos?; ¿Cuan complejo es defender diferentes criterios i enfrentarse a lo establecido?, ¿Qué tarea tan ingente, penosa y agotadora la de intentar  pensar y poner sentido común a aquello que ya lo ha perdido todo? ¿Cuánto miedo hay a la propia responsabilidad?, ¿Qué pobres somos en realidad?

“¿Qué tal si recapacitamos, aunque sea un poco?”



Joan Barrachina



L’Hospitalet 28 de noviembre de 2013