CARA A CARA, CON EL ESPEJO DELANTE: ES LA HORA DE LA VERDAD
Arrecian
voces de descontento, de desilusión, de derrota, de fracaso; se oyen
gritos y peticiones de cambio; se
producen escisiones, abandonos; a saber ….. falsas catarsis dirigidas, cartas
marcadas y manipuladas en un macabro juego y en una suerte de confusión
constante, en donde todos/as zozobramos al albur de las mareas y de los tifones
descontrolados.
Otros/as,
con clara vocación de ovejas temerosas, siguen inmersos/as en su colección de
recuerdos mientras se sienten seguros/as y protegidos/as al calor y en el color
de los símbolos, signos, banderas e ideales.
No
faltan, más bien abundan, las ovejas negras que no por distintas de color, sino
por su singular y putrefacto clientelismo siguen usurpando y copando un
complejo y entramado compendio de puestos, lugares y cotas con una desfachatez
increíble; con un tufo de incompetencia, aprofesionalidad y antiética que ha
creado escuela y en la que, a modo de secta, se repliega y vocifera contra la
crítica, más aún, anulando la posibilidad de autocrítica en la autocomplacencia
de la vomitada constante en donde la culpa siempre es del otro/a u otros/as.
Si
el centralismo de poltrona envejecida, con claros tintes de control
latifundista y basado en una “oposición responsable” es la respuesta al clamor
popular; si esa es la contrapartida que ha de generar ilusión, criterio,
estabilidad, ideas, avance y crecimiento organizativo; estoy convencido, desde
mi particular visión, que todavía tocaremos más fondo.
Mientras
tanto, en estas nuestras tierras; en estos nuestros dominios territoriales,
seguimos debatiéndonos en una definición clara de federalismo y subtipos, del
derecho a decidir en boca pequeña e hipotecada, como siempre, cuando cogemos el
puente aéreo para más enjundia e incomprensión por parte de los nuestros, y así
nos va.
Mientras
sigamos jugando a ser federalistas globales convencidos, sólo cuando se agitan
según que tipo de enseñas y en según que tipo de contiendas, mientras no
sepamos quienes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, a dónde queremos ir y
cómo queremos hacerlo (y ahora estoy pensando en extenso), nada se andará, nada
cambiará salvo el desierto, que cada vez será más grande y seco.
Cuando
un proyecto está obsoleto, cuando un modelo de organización ya está agotado y
más que amortizado, no valen parches, no valen inventos y ensayos mesiánicos;
sólo vale la re-evolución, la re-estructuración, la renovación, el cambio, la
transformación; si me permitís: el “akelarre” necesario y renovador que infunda
una visión diferente, una claridad contundente, consecuente y potente; un
estado de plenitud (aunque con dificultades y piedras en el camino de forma
segura) que nos reconduzcan hacia el sentido común y la fidelidad de nuestro
ideario primigenio, si es que aún sigue siendo válido.
O
damos una respuesta enérgica, rápida, meridiana y concisa a los ataques
constantes que en esta guerra económica, en este “neofeudalismo” especulador,
nos está machacando como sociedad, o simplemente aceptemos nuestra incapacidad
y desistamos.
No
hace falta argumentar e incidir en lo que todos sabemos con un simple análisis
de la realidad: estamos inmersos en una falacia global, en una mentira a macro
escala, en una crisis inventada a mayor gloria de la especulación para un mejor
y exhaustivo control de los pueblos, mediante la subyugación de sus habitantes
y el servilismo coartado, por el secuestro (vía intereses), de sus gobiernos.
Este
monstruoso “ultraneoliberalismo”, que campa a sus anchas, se merece y necesita
una respuesta más que contundente, una oposición, diría, irresponsable, tan
irresponsable como sus actos y acciones metodológicas, que con sus primas de
riesgo y calificaciones, nos están conduciendo al nuevo esclavismo del siglo
XXI.
Hace
unos días escribí: “En los momentos de caos y en su gestión, es cuando se puede crear con
la mayor lucidez” y sigo convencido de ello; de la positividad en el
envite que nos acontece para provocar y posibilitar un gran cambio; eso si, ese
cambio (caiga quién caiga) necesariamente tiene que ser desde abajo, desde las
bases, desde las personas, desde el proyecto común, solidario, social e
integrador.
Así
pues, escuchemos bien, analicemos, entendamos, actuemos y construyamos el
futuro; es nuestra responsabilidad y debería ser nuestro compromiso. (Joan Barrachina)